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miércoles, 1 de septiembre de 2010

¿Juceca sería antropólogo?

Cuando pensamos en uruguayeces es inevitable pensar en:
Comprar vino en damajuana, comer asado y pescar con aparejo … y muchas cosas más..
Cada cosa en su lugar y en su tiempo, aunque a veces al uruguayo le da igual el orden y entrevera…mientras arma un pucho con tabaco envuelto en hojillas.
Digo el uruguayo…porque la uruguaya permanece en otros rasgos de identidad...acompaña, saborea, comparte …. y también muchas cosas más...
Así que esta entrada del blog va por y para los que sucesivamente han hecho honor a algunas de estas actividades…o a todas…vaya una a saber…



EL VINO LE BAJABA COMO UNA TROPA DE CASCARUDOS

Soporífero Corchea era un hombre tomador de todas las bebidas y famoso por el aguante. Un hombre que entraba a chupar, y dejaba el tendal contra los mostradores. En el asunto de mantener la vertical sin hamacarse, humillaba. Una vuelta cayó por el boliche El Resorte. Alardeando llegó, y criticando.
- En este boliche la bebida es floja como el agua de los fideos.
Nadie le dijo nada pa evitar cuestiones, pero el tape Olmedo le puso una damajuana de vino arriba del mostrador y lo invitó. Era un tinto que la gente del boliche tanto lo usaba pa una fiesta como pa pintar exteriores. Especial pa curar bicheras, pa matar hormigas, pa olvidar las penas o pa sacarle la herrumbre a los fierros comidos por la humedá. Como quien dice, un vinito multi-uso. Soporífero Corchea miró la damajuana como sobrándola. Despreció el vaso que le ofrecieron y pidió un jarro. Lo llenó de vino hasta los topes, le hizo una guiñada a la Duvija de puro canchero, y se lo tomó. Lo primero que sintió fue una sensación como si por el garguero le fuera bajando una tropa de cascarudos con zapatos de trepar a las montañas. Pensó que además del vino, se estaba tragando pedazos del jarro de aluminio Mariposa.
Era un vino que antes de llegar a destino le hacía sonar la campanilla como alertando sobre el peligro, pero ya era tarde. El estomago de Soporífero Corchea estaba hecho a todos los rigores, era sufrido y aguantador, y como el higado, sabía soportar todo tipo de ataque de a traición. Pero aquello era otra cosa. Era algo desconocido. Algo que ninguna barriguita era capaz de soñar que un día pudiera pasarle.
Uno sabe qué es el pánico, uno ha escuchado historias de terror, uno es capaz de imaginarse la calcinante fogata del infierno, uno alguna vez se reventó una uña con el martillo y tiene una idea del espanto, uno sabe muchas cosas, pero mientras no sepa lo que es recibir aquel vino en los interiores, no sabe nada de nada.
Y a Soporífero Corchea, así como le caía el líquido le subían los vapores, con efectos varios. Primero se le reviraron los ojos. Con el derecho miraba el techo y con el izquierdo veía entrar una pareja de elefantes rosados a lunares. Después le rechinaron los tobillos, empezó a escuchar redobles de tambores australianos, se le marchitó una oreja, y por primera vez en su vida habló en alemán. Pa la madrugada salió, chiflando en búlgaro y jugando al rango solo.
- ¿Y cómo es que a la gente del Resorte no le produce semejantes efectos?.
- Es que lo toman pensando en otra cosa.



SHALÚ !!

sábado, 12 de junio de 2010

Está bien Dolina...pero hace tanto que no llegábamos al Mundial...!!!




viernes, 4 de junio de 2010

Otros tiempos--(Monologos)

Eso...Televisión era la de antes...!!


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martes, 25 de mayo de 2010

¿Hay algo mejor que el humor para dar y darse ánimo?

Gracias Juceca!!!

UNA BOCHA, UN POEMA, UNA ILUSION.
Titilante Topete supo estar casado con Ventevea Vetusta, hija del viejo Golondrinio Vetusta, que eran cuatro hermanas, a saber: Chajasita, Colibrina, Hornerana y la susodicha Ventevea, que se conocieron con Titilante, una vuelta que ella pasaba con una canasta de huevos, él estaba jugando a la bocha, se le desvió una lisa, y la fue a embocar justito adentro de la canasta. Que ella lo miró de forma extraña, con una mirada clara, y la otra mirada yema. Sin decir agua va, porque no iba agua, ella agarró la bocha, tomó distancia y puntería, y se la colocó en el pecho a la altura de la cuarta costilla como quien baja de la clavícula.
Pero Titilante no se amilanó. Agarró la bocha, la lavó bien, le dibujó una carita de payaso, y fue y se la dio de regalo envuelta en un versito que decía así:
"Le pido perdón morocha, le pido perdón preciosa, pero a falta de una rosa, aquí le entrego una bocha".
Ella leyó el versito, y quedó tan impresionada, que después lo volvió a medir a la distancia, y le arrojó la bocha rumbo a un tobillo con intención de fractura. Menos mal que el hombre la vio venir, levantó la pata, y la bocha siguió de largo, agarró una bajadita, cruzó unos montes, agarró por un sendero, se metió en el rancho de una viejita que la espantó con la escoba, salió por la puerta trasera, remontó una lomita, y cuando se estaba por frenar agarró otra bajada hasta que fue a parar, mansamente, adentro del boliche "El Resorte". Cuando la vieron entrar, la gente del boliche se la quedó mirando. Nadie la quiso tocar, por las dudas fuera una bomba. El tape Olmedo le dio unas vueltas alrededor, pidió silencio pa ver si se le escuchaba algún tic tac, y después la salpicó con un buche de vino.
Un buche del vino del Resorte, era prueba de fuego. Si no saltaba ni explotaba con eso, no había peligro. Después, el tape comentó:
- Balero no es porque no tiene aujero, y balero sin aujero no existe porque sería una pavada ponerse a jugar al balero sin aujero.
Ahí se le acercó el pardo Santiago, mamau por unanimidá, y al verle el dibujito opinó:
- Como tiene ojos, y no tiene cola, puede ser sapo de los redondos. Si le ponemos un pucho prendido, y fuma, clavau que es sapo.
Estaban en eso, cuando va la Duvija y le ve el papelito escrito, levanta aquello y lee: "Le pido perdón morocha, le pido perdón preciosa, pero a falta de una rosa, aquí le entrego una bocha". Creyó que era un mensaje que le mandaban a ella, y le dentró una emoción, santita, que le parpadeaba el labio inferior, como quien esta por hacer un pucherito. Después se tomó una copita de licor de menta, para entonarse, se arregló los cabellos, se puso un poquito de sombra en los ojos con la tizne del farol, se pintó los labios con rojo apasionado, y se salpicó con perfume "Olor fatal", de fabricación casera pero una tremendidá de perfume para las narices.
Algunos de los encantos del amor, son el misterio y la ilusión, y la Duvija se quedó leyendo y releyendo el versito, sin pensar en nada más. Pero por allá apareció Titilante, pa reclamar su bocha, porque le venía siguiendo el rastro por los pastizales. Salieron varios a pararlo. No le explicaron nada, porque el caso no era de explicar, pero le dieron una bocha que había abajo de un ombú y lo mandaron de vuelta.
La Duvija mantuvo aquella ilusión, hasta que la pudo cambiar por una nueva, que es la mejor manera de pasar los inviernos, y de mantener las ilusiones.