Agosto
-
Se fue el número 8 del año. Tiene mucho que ver con parte de mi vida ese
mes. ¿Por qué?
Pues porque nació mi madre, se casaron mis padres, mis hermanos, na...
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martes, 8 de marzo de 2011
Día Internacional de la Mujer
A mis compañeras de género que dignifican el ser mujer
y a aquellos hombres que hacen mi vida mejor
sábado, 19 de junio de 2010
José Artigas
Karai Guasú
Protector de
los pueblos libres
José Artigas era denominado por los indígenas como Karai Guasú (el más grande señor, en guaraní, término culturalmente comparable a Profeta, también era denominado como el Gran Cacique, el Hombre que resplandece, el Padre de los Indios y el Padre de los pobres en sus últimos días en Paraguay)
Este es el Artigas que llevamos en el corazón y como norte de nuestros ideales...de una patria grande, donde todos tengamos un lugar.
Donde nos respetemos, nos interroguemos y proyectemos.
Un lugar donde nuestros nietos puedan vivir y formar su familia.
Un lugar como Artigas soñó.
....un lugar, un sueño, un compromiso.
Karai Guasú
Protector de
los pueblos libres
José Artigas era denominado por los indígenas como Karai Guasú (el más grande señor, en guaraní, término culturalmente comparable a Profeta, también era denominado como el Gran Cacique, el Hombre que resplandece, el Padre de los Indios y el Padre de los pobres en sus últimos días en Paraguay)
Este es el Artigas que llevamos en el corazón y como norte de nuestros ideales...de una patria grande, donde todos tengamos un lugar.
Donde nos respetemos, nos interroguemos y proyectemos.
Un lugar donde nuestros nietos puedan vivir y formar su familia.
Un lugar como Artigas soñó.
....un lugar, un sueño, un compromiso.
viernes, 21 de mayo de 2010
...en el patio de su casa, o en el paredón del Hospital del Rey...Va pelota!!!
Va pelota 1822 - 1828
A Pedro E. Carve
Los muchachos siempre fueron aficionados a la pelota, sin perjuicio del hoyito, del trompo y aún algunos de la taba, haciendo caso omiso de la pandorga. Los diablitos, no contentos con jugar en el patio de su casa a la pelota, fuese de orillo o de badana, se juntaban, con su permiso, en las calles, y déle pelota en las paredes de los edificios, pagando el pato los faroles del alumbrado y los vidrios de las ventanas, a pesar de las penas impuestas desde el tiempo del Gobernador Bustamante y Guerra. Y nada digamos de los transeúntes, que solían chupar cada pelotazo, sin comerlo ni beberlo, que daba gusto, se entiende a los muchachos diablos que los propinaban.
Y vaya usted a quejarse a Juancho, de quien se reían los diablitos, haciéndolo peor si a mano viene. ¿A los padres? ¡Bah, para que uno los corrigiese, diez le salían a usted con excusas y disculpas, de cosas de niños: —qué quiere usted, en algo han de divertirse los pobrecitos; y milagro si no le daban todavía realitos para compra de pelotas en lo de Varela, en la plaza, proveedor constante de pelotas, lo mismo que de mazacote, pitos y flautas, romances y rosarios, a pesar de la competencia en pelotas que le hacían los pobres presos de la cárcel, exhibiéndolas en sus cañas de pescar, con la bolsita respectiva para la limosna, por entre rejas; que en los tiempos que nos atraviesan, nos hacen acordar la caña o vara con la bolsa que empuñan los sacristanes en algunas iglesias para pescar los cobres a las devotas y devotos. Cosa, por supuesto, que nada tiene de ridículo ni extraño cuando tantos andan a la pesca de otras cosas con anzuelo, sin ser bagres ni corvinas.
Sin pensarlo, los muchachos de ese tiempo hacían gimnástica con el juego de pelota, sin maestro que les enseñase, como lo hacían, a las mil maravillas, saltando postes.
¿Y qué decir de los grandes? ¡Oh! Los grandes se divertían con las bochas, bochando en la esquina del Cristo, a donde iban a patita, a pesar de la distancia, o en alguna otra, porque eran habas contadas. Pero en cuanto a la pelota, tenían que despuntar el vicio en el patio de su casa o en el paredón del Hospital del Rey, jugando algún partidito.
Otro gallo les cantará allá por el año 23, en que hizo su aparición en el Cordón, al sur de la Capilla, en el camino que llamaban de Maldonado, una cancha de pelota, vulgo. El juego de pelota, que se distinguía por más señas, con una figurita en la azotea de la esquina tocaya de La figurita de por allá del Reducto, que se llamaba Camino de la Figurita, cuyo paraje aún se conoce por ese nombre.
Allí empezaron los aficionados al juego de pelota, novicios pelotaris a sacar el vientre de mal año, a manos limpias. Y va pelota! Dele a la pelota! Albricias a los muchachos del lugar, y a loa de la ciudad que quieran ir los domingos, subiendo barrancos, saltando zanjas y destripando terrenos, a divertir la vista y a amaestrarse en el '"va pelota".'
La cancha era completamente abierta del lado de la calle; ningún cercado impedía a los mirones de afuera el ver jugar a los pelotaris sus partidos arremangados y jadeantes. No se pagaba entrada, ni las apuestas eran por moneda, sino simplemente a quien pagaba el refresco o la copa y por descontado la tarifa impuesta por el juego de cada partido. El negocio era para el dueño de la pulpería y a la vez del Juego de pelota, menudeando las horchatas, las naranjadas de agrio en las Islas, las vinagradas y sangrías y los buenos vasos de vino.
Ello es que con el aliciente del Juego de pelotas, en la Figurita del Cordón aquello se hizo un paseo en los días festivos para el sexo barbudo, pero con ojo a los Portones, para templar temprano a la ciudad, antes que se cerrasen, so pena de tener que quedarse afuera y tener que pernoctar en los pollos, haciendo compañía a las ratas, que tenían por allí, en los fosos, su madriguera.
¡Hombre, y vean ustedes lo que son las casualidades! Al correr del tiempo, desapareció de la escena aquel juego de pelotas, y la figurita de la esquina, con el viejo edificio, que venía a quedar donde es hoy esquina de las calles 18 de Julio y Tacuarembó, cuadrando la casualidad, de haber otra figurita en la de enfrente, haciéndole bis a la desaparecida. Plagio, dirán algunos: ;ba! es artículo que abunda en plaza.
Allí ya no "va pelota" años ha; pero nadie le negará el mérito de que en su tiempo, como a falta de pan buenas son tortas, sirvió muy bien a la diversión de sus parroquianos.
Después, pasado algún tiempo, vino el trinquete de Valentín, en la nueva ciudad, con sus pelotas, sus guantes, sus bailes, sus vasquitas y su música, a echarle tierra a la difunta del Cordón, y en seguida la cancha de Cazenave a remachar el clavo.
¿Y ahora?... Ahora el Jai-Alai tiene la palabra. Otro talla.
Isidoro de María
Va pelota 1822 - 1828
A Pedro E. Carve
Los muchachos siempre fueron aficionados a la pelota, sin perjuicio del hoyito, del trompo y aún algunos de la taba, haciendo caso omiso de la pandorga. Los diablitos, no contentos con jugar en el patio de su casa a la pelota, fuese de orillo o de badana, se juntaban, con su permiso, en las calles, y déle pelota en las paredes de los edificios, pagando el pato los faroles del alumbrado y los vidrios de las ventanas, a pesar de las penas impuestas desde el tiempo del Gobernador Bustamante y Guerra. Y nada digamos de los transeúntes, que solían chupar cada pelotazo, sin comerlo ni beberlo, que daba gusto, se entiende a los muchachos diablos que los propinaban.
Y vaya usted a quejarse a Juancho, de quien se reían los diablitos, haciéndolo peor si a mano viene. ¿A los padres? ¡Bah, para que uno los corrigiese, diez le salían a usted con excusas y disculpas, de cosas de niños: —qué quiere usted, en algo han de divertirse los pobrecitos; y milagro si no le daban todavía realitos para compra de pelotas en lo de Varela, en la plaza, proveedor constante de pelotas, lo mismo que de mazacote, pitos y flautas, romances y rosarios, a pesar de la competencia en pelotas que le hacían los pobres presos de la cárcel, exhibiéndolas en sus cañas de pescar, con la bolsita respectiva para la limosna, por entre rejas; que en los tiempos que nos atraviesan, nos hacen acordar la caña o vara con la bolsa que empuñan los sacristanes en algunas iglesias para pescar los cobres a las devotas y devotos. Cosa, por supuesto, que nada tiene de ridículo ni extraño cuando tantos andan a la pesca de otras cosas con anzuelo, sin ser bagres ni corvinas.
Sin pensarlo, los muchachos de ese tiempo hacían gimnástica con el juego de pelota, sin maestro que les enseñase, como lo hacían, a las mil maravillas, saltando postes.
¿Y qué decir de los grandes? ¡Oh! Los grandes se divertían con las bochas, bochando en la esquina del Cristo, a donde iban a patita, a pesar de la distancia, o en alguna otra, porque eran habas contadas. Pero en cuanto a la pelota, tenían que despuntar el vicio en el patio de su casa o en el paredón del Hospital del Rey, jugando algún partidito.
Otro gallo les cantará allá por el año 23, en que hizo su aparición en el Cordón, al sur de la Capilla, en el camino que llamaban de Maldonado, una cancha de pelota, vulgo. El juego de pelota, que se distinguía por más señas, con una figurita en la azotea de la esquina tocaya de La figurita de por allá del Reducto, que se llamaba Camino de la Figurita, cuyo paraje aún se conoce por ese nombre.
Allí empezaron los aficionados al juego de pelota, novicios pelotaris a sacar el vientre de mal año, a manos limpias. Y va pelota! Dele a la pelota! Albricias a los muchachos del lugar, y a loa de la ciudad que quieran ir los domingos, subiendo barrancos, saltando zanjas y destripando terrenos, a divertir la vista y a amaestrarse en el '"va pelota".'
La cancha era completamente abierta del lado de la calle; ningún cercado impedía a los mirones de afuera el ver jugar a los pelotaris sus partidos arremangados y jadeantes. No se pagaba entrada, ni las apuestas eran por moneda, sino simplemente a quien pagaba el refresco o la copa y por descontado la tarifa impuesta por el juego de cada partido. El negocio era para el dueño de la pulpería y a la vez del Juego de pelota, menudeando las horchatas, las naranjadas de agrio en las Islas, las vinagradas y sangrías y los buenos vasos de vino.
Ello es que con el aliciente del Juego de pelotas, en la Figurita del Cordón aquello se hizo un paseo en los días festivos para el sexo barbudo, pero con ojo a los Portones, para templar temprano a la ciudad, antes que se cerrasen, so pena de tener que quedarse afuera y tener que pernoctar en los pollos, haciendo compañía a las ratas, que tenían por allí, en los fosos, su madriguera.
¡Hombre, y vean ustedes lo que son las casualidades! Al correr del tiempo, desapareció de la escena aquel juego de pelotas, y la figurita de la esquina, con el viejo edificio, que venía a quedar donde es hoy esquina de las calles 18 de Julio y Tacuarembó, cuadrando la casualidad, de haber otra figurita en la de enfrente, haciéndole bis a la desaparecida. Plagio, dirán algunos: ;ba! es artículo que abunda en plaza.
Allí ya no "va pelota" años ha; pero nadie le negará el mérito de que en su tiempo, como a falta de pan buenas son tortas, sirvió muy bien a la diversión de sus parroquianos.
Después, pasado algún tiempo, vino el trinquete de Valentín, en la nueva ciudad, con sus pelotas, sus guantes, sus bailes, sus vasquitas y su música, a echarle tierra a la difunta del Cordón, y en seguida la cancha de Cazenave a remachar el clavo.
¿Y ahora?... Ahora el Jai-Alai tiene la palabra. Otro talla.
Isidoro de María
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Fútbol
lunes, 17 de mayo de 2010
jueves, 13 de mayo de 2010
Enero , otra vez hoy!!!
algo que dice mucho sobre él ...
pero también dice mucho de nuestros andamios...
entonces...pido permiso señores...
“Mis diversiones y sus frutos”
Muchas veces me he preguntado por qué no hacer una cronología de las diversiones que disfruté en la vida, no por vanidad personal, sino para aportar datos de cómo las mismas pueden influir en nuestra manera de conducirnos en el plano espiritual, si logramos hacerlo con sencillez y buen sentido del olfato, dejando de lado, los “estímulos perniciosos” que abundan en estos tiempos.
Así, por ejemplo, comienzo por recordar que a los 8 o 9 años, allá por 1925, comencé a disfrutar del fútbol, en la vieja cancha de Colón, de Propios y Gral. Flores, en la cual elegí como ídolo al arquero Soto, que se distinguía por su buzo, tipo rompeviento y gorra de visera, y para disfrutarlo mejor me paraba cerca del arco, junto a uno de los palos, pues no había tejido de alambre.
Un día pegó un pelotazo a mi lado, y el golero Soto me dijo: “¡Salí de ahí, botija”, que te van a matar!”.
Los demás días de la semana jugábamos al trompo, a la bolita, al balero, al fútbol, las cometas (en primavera), y hasta al juego de bochas (chicas), que hizo y me regaló mi tío Ricardo Vallarino.
En 1928, cuando yo tenía 11 años y medio, nos mudamos al barrio Goes, al comprar mi padre con un socio la panadería “Barcelonesa”, en Blandengues y Marcelino Sosa.
Ahí la cosa fue distinta, por la falta de campitos y por las veredas todas con baldosas.
Era otra cosa, más progreso, pero menos campo de acción para nuestros juegos, que se limitaban casi siempre a hacer partidos en la calle, con pelota de goma.
Pero eso también tenía sus riesgos, no por el tránsito, que era escaso, sino por la policía, que al que agarraba… allá se lo llevaban.
Después, un día que visité a mi tía y madrina Carmen Maceiras de Mato (la “Checha”) me preguntó si quería ir al cine, pues éste estaba a la vuelta de la casa, el “Lutecia”.
Era jueves, y allá fui, a lo que fue el comienzo de otra diversión sana, que disfruté desde entonces, pues ese día tuve la suerte de ver en la matinée una película de Tom Mix, “El rey de los cowboys”, junto con su famoso caballo “Malacara”, que hacía gala de una inteligencia que sobresalía de entre todos los demás. Le faltaba hablar nomás.
Hubo otro motivo que hizo que me entusiasmara aún más el cine, porque allí escuché por primera vez la voz incomparable del “Mago” Carlitos Gardel, en la sala silenciosa, que no se sentía ni el “vuelo de una mosca”.
Recuerdo aquellas primeras canciones: “La muchacha del circo”, “Añoranzas”, “Ramona”, “La hija de japonesita”, “En un pueblito de España”, “Nelly”, “Senda florida”, “Rosa de otoño”.
Era un lujo para mí, pues no teníamos victrola, y esa era la oportunidad que aprovechaba al máximo toda vez que pudiera ir a ese cine, que pasó a ser mi favorito de ahí en adelante.
El entusiasmo por el cine (que aún era mudo), unido a las canciones de Gardel, hizo despertar en mí el deseo de cantar, y así fui asimilando su estilo, al hacerlo a dúo, cuando tuvimos la primera radio, en 1932.
No poseía una buena voz, pero tuve la suerte de tener buen oído, lo que me permitió, en adelante, cantar todos los estilos de los más diversos intérpretes rioplatenses, así como de muchos de la lengua castellana.
En esa época abundaban las revistas que tenían las letras de las canciones, que iban surgiendo y era fácil estar al día, incluyendo las del carnaval, que aprendíamos enseguida y cantábamos en la esquina de mi casa con un grupo de muchachos que no desafinaran.
Recuerdo la letra de una canción de tantas que se hicieron en homenaje a Uruguay Campeón del Mundo en 1930, y fue con la letra del fado “Fadiño” de la Troupe Oxford, de 1931, y decía así:
“Uruguay sos campeón de los campeones,
Lará, lará, lará, lará,
Tus hijos lucharon como leones,
Lará, lará, lará, lará,
Nuestra bandera azul y blanca
Se eleva gallarda hasta el cielo,
Logrando con honor y lucha franca
El más gallardo de los trofeos”.
Y sigue:
“Castro, Iriarte, Cea, Scarone,
Dorado, Andrade y Mascheroni,
Ballesteros y el ‘Mariscal’,
Con Fernández y con Gestido
Forman el once nacional,
Lará, lará, lará, lará,
Uruguay Campeón Mundial”.
--------------------------------------------
En 1932 me hice socio de Peñarol, el club que me “tiraba” desde chico, desde el gol de Piendibene a Zamora.
Ingresé como socio en la categoría de “Cadete”.
Me gustó siempre retirarme a descansar antes de la medianoche, salvo excepciones, y estar así a plenitud para ver a Peñarol por la tarde, en el preliminar y 1ª división.
Esto que para alguien sería un sacrificio, para mí era lo más natural, y hoy, a mis 93 años, estoy recogiendo el fruto de todo eso.
algo que dice mucho sobre él ...
pero también dice mucho de nuestros andamios...
entonces...pido permiso señores...
“Mis diversiones y sus frutos”
Muchas veces me he preguntado por qué no hacer una cronología de las diversiones que disfruté en la vida, no por vanidad personal, sino para aportar datos de cómo las mismas pueden influir en nuestra manera de conducirnos en el plano espiritual, si logramos hacerlo con sencillez y buen sentido del olfato, dejando de lado, los “estímulos perniciosos” que abundan en estos tiempos.
Así, por ejemplo, comienzo por recordar que a los 8 o 9 años, allá por 1925, comencé a disfrutar del fútbol, en la vieja cancha de Colón, de Propios y Gral. Flores, en la cual elegí como ídolo al arquero Soto, que se distinguía por su buzo, tipo rompeviento y gorra de visera, y para disfrutarlo mejor me paraba cerca del arco, junto a uno de los palos, pues no había tejido de alambre.
Un día pegó un pelotazo a mi lado, y el golero Soto me dijo: “¡Salí de ahí, botija”, que te van a matar!”.
Los demás días de la semana jugábamos al trompo, a la bolita, al balero, al fútbol, las cometas (en primavera), y hasta al juego de bochas (chicas), que hizo y me regaló mi tío Ricardo Vallarino.
En 1928, cuando yo tenía 11 años y medio, nos mudamos al barrio Goes, al comprar mi padre con un socio la panadería “Barcelonesa”, en Blandengues y Marcelino Sosa.
Ahí la cosa fue distinta, por la falta de campitos y por las veredas todas con baldosas.
Era otra cosa, más progreso, pero menos campo de acción para nuestros juegos, que se limitaban casi siempre a hacer partidos en la calle, con pelota de goma.
Pero eso también tenía sus riesgos, no por el tránsito, que era escaso, sino por la policía, que al que agarraba… allá se lo llevaban.
Después, un día que visité a mi tía y madrina Carmen Maceiras de Mato (la “Checha”) me preguntó si quería ir al cine, pues éste estaba a la vuelta de la casa, el “Lutecia”.
Era jueves, y allá fui, a lo que fue el comienzo de otra diversión sana, que disfruté desde entonces, pues ese día tuve la suerte de ver en la matinée una película de Tom Mix, “El rey de los cowboys”, junto con su famoso caballo “Malacara”, que hacía gala de una inteligencia que sobresalía de entre todos los demás. Le faltaba hablar nomás.
Hubo otro motivo que hizo que me entusiasmara aún más el cine, porque allí escuché por primera vez la voz incomparable del “Mago” Carlitos Gardel, en la sala silenciosa, que no se sentía ni el “vuelo de una mosca”.
Recuerdo aquellas primeras canciones: “La muchacha del circo”, “Añoranzas”, “Ramona”, “La hija de japonesita”, “En un pueblito de España”, “Nelly”, “Senda florida”, “Rosa de otoño”.
Era un lujo para mí, pues no teníamos victrola, y esa era la oportunidad que aprovechaba al máximo toda vez que pudiera ir a ese cine, que pasó a ser mi favorito de ahí en adelante.
El entusiasmo por el cine (que aún era mudo), unido a las canciones de Gardel, hizo despertar en mí el deseo de cantar, y así fui asimilando su estilo, al hacerlo a dúo, cuando tuvimos la primera radio, en 1932.
No poseía una buena voz, pero tuve la suerte de tener buen oído, lo que me permitió, en adelante, cantar todos los estilos de los más diversos intérpretes rioplatenses, así como de muchos de la lengua castellana.
En esa época abundaban las revistas que tenían las letras de las canciones, que iban surgiendo y era fácil estar al día, incluyendo las del carnaval, que aprendíamos enseguida y cantábamos en la esquina de mi casa con un grupo de muchachos que no desafinaran.
Recuerdo la letra de una canción de tantas que se hicieron en homenaje a Uruguay Campeón del Mundo en 1930, y fue con la letra del fado “Fadiño” de la Troupe Oxford, de 1931, y decía así:
“Uruguay sos campeón de los campeones,
Lará, lará, lará, lará,
Tus hijos lucharon como leones,
Lará, lará, lará, lará,
Nuestra bandera azul y blanca
Se eleva gallarda hasta el cielo,
Logrando con honor y lucha franca
El más gallardo de los trofeos”.
Y sigue:
“Castro, Iriarte, Cea, Scarone,
Dorado, Andrade y Mascheroni,
Ballesteros y el ‘Mariscal’,
Con Fernández y con Gestido
Forman el once nacional,
Lará, lará, lará, lará,
Uruguay Campeón Mundial”.
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En 1932 me hice socio de Peñarol, el club que me “tiraba” desde chico, desde el gol de Piendibene a Zamora.
Ingresé como socio en la categoría de “Cadete”.
Me gustó siempre retirarme a descansar antes de la medianoche, salvo excepciones, y estar así a plenitud para ver a Peñarol por la tarde, en el preliminar y 1ª división.
Esto que para alguien sería un sacrificio, para mí era lo más natural, y hoy, a mis 93 años, estoy recogiendo el fruto de todo eso.
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lunes, 10 de mayo de 2010
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